Codere y el Paralelo

Hace unos días entré en un bar del Paralelo. Hacía tiempo para reunirme con un cliente. Necesitaba 10 minutos máximo. Una vez dentro me pregunté si era la mejor de las opciones posibles para tomar un café. El bar era estrecho, apenas había espacio para la barra, cuatro o cinco taburetes y una máquina tragaperras. El olor a frito y a humo era constante. Recuerdo que la barra tenía un punto de pringosa y el suelo no estaba en las mejores condiciones para dejar la cartera. Poca luz, mandaba la exterior, y por tanto era poca porque amenazaba una fuerte tormenta. Una radio de coche vieja, destartalada y con una buena capa de grasa a su alrededor, era la instalación del hilo musical del local. En las paredes aún se podía leer con cierta facilidad el precio de las tapas que en épocas pasadas se pagaban en pesetas. Me senté al lado de un hombre que miraba a su copa de cerveza, en silencio, mientras recostaba parte de su espalda en la pared que limitaba el final de la barra. Desde mi sitio podía ver a una mujer en el otro extremo, el que daba a la calle, que hablaba y gesticulaba sola al lado de un destartalado carrito de compra. El camarero, y juraría que dueño del local, descansaba, de pie, con la mirada perdida y un punto de aburrida en el Paralelo. El café, bueno. Poco antes de irme, el hombre que tenía a mi derecha levantó la cabeza, miró al camarero y le dijo: “He oído que Codere saldrá a bolsa dentro de poco”. “Sí”, le contestó. “Lo que pasa es que saldrán muy caras”, volvió a decir. Eso fue todo. El hombre de la cerveza bajó de nuevo la cabeza y volvió a mirar su copa en silencio. Pagué y me fui. Comprobé, con una buena dosis de sopresa, que el mundo bursátil tiene muchas más caras de las que jamás me podría haber imaginado.

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Codere y el Paralelo

  1. Juan Manuel González Calderón

    La mejor de las novelas negras hubiera podido comenzar de ese modo,…

    Quizás deberías seguir expresando lo que ese personaje (tú) en su deambular urbano observa cada día.

    Por qué no,…

    Juan

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